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miércoles, 27 de marzo de 2013

De como Salazar analiza la idiosincrasia española



Pedro Salazar Ibiricu ha aparcado su DKV en una cuneta a toda prisa. Una cena copiosa de caracolillas ha provocado una cierta desazón intestinal en él. Es la cuarta vez que para en una hora. Ahora Pedro está a gusto, ha encontrado un maizal que garantiza su anonimato. Los últimos metros los ha tenido que hacer a toda velocidad a la par que se bajaba los bombachos.

Para hacer más llevadero el trance se ha llevado el periódico y la realidad diaria está desfilando ante sus ojos. Lee la siguiente noticia

“Escocia va a plantear a sus ciudadanos un referéndum para independizarse o no. Van a preguntar esto: ¿Debe Escocia se independiente (si/no)?”

Han fijado la fecha del sufragio el 18 se septiembre del 2.014.

Pedro se imagina que ocurriría si se repitiese la experiencia  en las tierras del Ebro, o sea, Iberia.

Primero, ¿Cómo diseñamos la operación?  Habría que hacer un gabinete con no menos de cincuenta asesores entre sociólogos, filólogos, sicólogos, politólogos,  fisioterapeutas (no sea que haya esguince de muñeca a la hora de votar) y meteorólogos (por elegir el día óptimo)

Segundo, habría que elegir los idiomas de la pregunta. Los propios, español, catalán, valenciano, euskera, mallorquín, gallego, bable y fabla; mas los de los todos los emigrados desde 1450 hasta hoy con derecho a voto. O sea, todos los indoeuropeos más swahili, tagalo, djola, sefardí, bambara, pastún, mandarín y japones. Las papeletas se imprimirían con todos los idiomas, por lo que cada una mediría un metro cuadrado

Tercero ¿Qué preguntamos, para que salga lo que salga todos salgan victoriosos?

A Pedro, hombre culto que es, se le ocurre que la cuestión iría por los siguientes términos:
“¿Está usted de acuerdo para que sean iniciadas unas conversaciones bilaterales con el Estado Central; bajo el marco estatutario fijado por las normas más básicas de convivencia emanadas del espíritu Carolingio dentro de los límites europeos; con el fin de conseguir una normalización de la relación de libertad entre iguales de todos los ciudadanos y ciudadanas que viven dentro y fuera de las fronteras históricas devenidas tras la coronación de Fernando de Aragón como rey de las Españas (si/no/no se/tal vez/depende/¿va a haber un puesto para mí?/me da igual/¿comoooo?/no nos precipitemos/precipitémonos/me queda un telediario, así que déjeme en paz)”

Luego elegir el día de la votación. Está claro que no es lo mismo un día de sol radiante en Donostia que uno con xirimiri. O cuando sopla la ciercera en Santiago de Compostela, la tramontana en Barcelona o la canícula cordobesa. El día es importante, por lo que habría que hacer un sesudo estudio estadístico del clima en los últimos trescientos años en cada comunidad. Luego, a la vista de los datos, un nuevo gabinete de politólogos de todo el espectro debería elegir el día, o más democrático aún, proponer varios y hacer un referéndum previo para elegir el día de la votación. Luego se votaría.

Evidentemente, el resultado de este referéndum no sería vinculante, sería el inicio para que otro grupo de representantes de la soberanía (popular, soberanía popular) trazasen una hoja de ruta (con líneas rojas, por qué una hoja de ruta sin líneas rojas, ni es hoja ni es nada) que fijaría un calendario de reuniones al más alto nivel de otro grupo con otro grupo (cada grupo de no menos de cincuenta personas)

A la luz de las actas de las reuniones, otro grupo (de no menos de sesenta personas) decidiría sobre la conveniencia y oportunidad de plantear a los ciudadanos y ciudadanas un nuevo referéndum, este ya vinculante.

El problema sería que habrían pasado del referéndum no vinculante varios años y nuevos votantes que no ejercieron su derecho referéndum estarían dentro del censo y otros habrían falleció (muchos de asco). Un grupo de no menos de setenta personas decidiría sobre la forma de acometer tan grave problema.

Tras el recuento, iniciar el proceso que concluiría con el final, el finiquito y el acabose.

Así es como se hacen las cosas en Iberia, no como han planteado los escoceses.

Pedro ha acabado de deponer y ahora sí que se siente en paz consigo mismo y seguro. Sigue leyendo el periódico y llega a la sección de nacional. Aparece la fotografía de un antiguo jugador de balonmano que defendió los colores de España en la selección.

Pedro suspira hondo ya aliviado, sonríe  y utilizando la hoja en la que sale el balonmanista procede con solemnidad a higienizarse el dos de oros.

Vuelve a la DKV y sigue su camino. Va pensando en la manía que tenemos en este país en hacer complicado lo sencillo e imposible lo complejo.

“Así nos va” filosofa Pedro.

Mientras, el viento arrastra una fotografía un poco deteriorada de un apuesto balonmanista.

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