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sábado, 17 de mayo de 2014

¿Hasta dónde somos todos iguales?

La verdad es que lees la constitución y hay veces que te entra la risa tonta. Pero bueno, es lo que son casi todas las constituciones de los países avanzados, más una declaración de intenciones que otra cosa. Viene esto a lo de la igualdad de todos los españoles ante la ley

Parto de que yo soy una persona que no creo en la igualdad de trato. Parad, parad, no me apedreéis. Me explico.

Una persona que cumple con los demás, que colabora con la sociedad que lo rodea, que se porta bien, en resumen, que no hace ruido ni molesta no puede tener el mismo trato que un sinvergüenza que se levanta por la mañana y antes de hacer pis lo primero que piensa es a ver a quien va a joder hoy. Por eso os digo que no creo en la igualdad de trato, y creo que vosotros tampoco. Sí que creo en la igualdad de oportunidades, pero eso es distinto. Todos conocemos personas buenas con las que los hados malos parecen que se ceben y su vida es un rosario de calamidades. Pero bueno, eso es otra cosa

Sigo con lo de la igualdad. Hoy estoy en plan matemático ecuacional. Tampoco somos iguales ante la ley. Resulta que en España tenemos la figura del “aforado” que, pongámonos como queramos, en el fondo no es más que un mecanismo para evitar rendir cuentas. Nuestros dirigentes dicen que no, que a fin de cuentas ellos también son juzgados, pero por otro tribunal. Je je je, yo si cometo un delito en cuatro días me veo delante de su señoría. Estos que nos gobiernan lo estiran y lo dilatan hasta lo indecible. O sea, que tampoco somos iguales ante la ley. Ni de coña vamos

Pero es que estos días me he dado cuenta que tampoco somos iguales ante la muerte. O mejor aún, ante el asesinato. Resulta que España tiene un índice de “muertes violentas” (léase asesinato) de 0.9 por cada cien mil habitantes. En resumen, diez por millón, o sea, quinientos muertos en el país al año. Uno y pico diario. Oye, que te pones a mirar un poco y resulta que España es de los menos violentos. Yo tengo mi teoría, y es que nuestro carácter es muy parecido al de los africanos. Somos gente que gritamos mucho, pero somos pacíficos. Otra cosa es cuando montamos el gori, que entonces lo montamos a modo y la degollina es de órdago a la grande.

Pero bueno, a lo que vamos

Estos días la actualidad la ha copado el asesinato de la presidenta de la Diputación de León. Y todo parece indicar que su asesinato ha sido por cuestiones personales, o sea, que a esta mujer no le han descerrajado cuatro tiros del 38 por ser de tal o cual partido o por defender según que ideas. La han matado por lo que normalmente cometemos ese crimen las personas, por odio. O sea, que su muerte es una más entre quinientas de las que se comenten al año. Pero su tratamiento no ha sido el mismo.

Hasta han parado la campaña electoral a las europeas. Declaraciones de todos los dirigentes de todos los partidos. Cientos de cartuchos de toner gastados

Bueno, vale, dirá alguien. Es que es una persona mediática. Es que es famosa. Es que es conocida. Nada de nada. Esta persona era conocida a nivel local o regional. Pero tenía algo que la diferenciaba del resto de las personas: pertenecía a otra casta diferente. A la casta política.

Y amigos, no es lo mismo que asesinen a un político que a otro ciudadano

Recuerdo los “años del plomo”, cuando ETA asesina a alguien cada dos días. Si ese muerto era un policía o un guardia civil o un militar o un señor de Albacete que pasaba por la calle, se le daba tierra y punto. Si el muerto era un político electo, merecía un funeral de estado. De hecho aún lo vivimos hoy. El día que se cumple el  aniversario del asesinato de algún político o peridista sale en prensa, radio y tele. Si lo es un guardia o policía no se acuerda más que su viuda o hijos. De hecho ni las grandes matanzas como fueron Hipercor o el cuartel de Zaragoza salen en prensa anualmente. Como mucho si han cumplido los “diez años” o alguna otra efeméride así

Y al final los ciudadanos lo que vemos es esto. Que hay dos clases sociales, los políticos que viven de eso y el resto del mundo. Y luego estos mismos políticos se echan las manos a la cabeza “ante la muestra del desapego de la ciúdadanía” (las tildes están bien puestas) y el “desencanto de los votantes”. Son ellos los que han propiciado esa diferenciación, eligiendo diferenciarse del resto. Son ellos los que se han apartado y han creado casi dos planetas diferentes.

Y la diferencia se da hasta en la forma de que te entierran. 

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