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martes, 1 de octubre de 2013

¿Armas de destrucción masiva o armas de paranoia masiva?



Este tema hay que tratarlo con mucho respeto, aunque sólo sea en memoria de las personas fallecidas. Lo que ocurre que el respeto tiene que ser recíproco. Primero un poco de historia para justificar el razonamiento final

Por “arma de destrucción masiva” se entiende utilizar un potencial de destrucción que no está de acorde con el objetivo militar conseguido. O sea, desproporción de medios. Su finalidad no es la destrucción en sí sino aterrorizar a los que quedan. Así de simple y sencillo. Otra forma de terrorismo

Se empieza a hablar de armas de destrucción masiva tras el bombardeo de Guernica. Tras este hecho se sigue con el tema con los bombardeos sobre Londres por parte de Alemania. Luego a los pocos meses vino la quema con fósforo de Dresde. El bombardeo de Tokio y para rematarlo Hiroshima y Nagasaki. 

De Guernica a Nagasaki pasaron menos de diez años y el número de muertos escaló de unas centenas a centenares de miles. Peroooo… analicemos no los resultados sino el cómo fue.

Para Guernica se utilizaron aviones bombardero Junker, Dornier y Heinkel escoltados por cazas. Varias decenas de aparatos de los más innovadores en aquellos años. Londres se bombardeó con las V-1 y V-2 que fueron producto de años de investigación de lo más granado de los ingenieros alemanes. Dresde fue una operación de dos días de bombardeos masivos, primero con cargas de gravedad para abrir agujeros en los edificios que actuasen como chimeneas y posteriormente otra oleada de bombarderos con bombas de fósforo para producir ese infierno. Intervinieron centenares de aviones Lancaster británicos en la operación y previo a esto hubo un importante esfuerzo de inteligencia y espionaje. Hubo cuarenta mil muertos. Tokio fue un bombardeo de una noche en la que perecieron cien mil personas y un millón se quedaron sin cobijo. Se utilizaron 280 bombarderos B-29, lo más ultramoderno que se conocía.

Hiroshima y Nagasaki fueron el resultado del proyecto Manhattan, el mayor desafío tecnológico que ha desarrollado la humanidad. Miles de científicos, muchos Premios Nobel, dinero a porrillo, centrales hidroeléctricas lanzando vatios a mansalva, una central nuclear  militar, inventar los calutrones, instalaciones que medían kilómetros cuadrados… una auténtica pasada que acabó con la detonación de las dos bombas (transportadas en B-29) y la muerte de unas 250.000 personas en total.

¿Qué a qué viene esto? Fijaos el despliegue de medios que hace falta para provocar la famosa destrucción masiva. Investigación, equipos humanos inmensos, cantidades ingentes de dinero y conocimiento, logística… todo esto está al alcance de muy pocos países.

Que un grupo terrorista sea capaz de robar un arma nuclear es harto complicado, de hecho y por mucho que se diga nunca se ha producido, ni siquiera cuando se derrumbó la URSS, aunque insistan en las películas de James Bond. Si es complicado robarla, construirla mucho más, por mucho que en internet aparezcan los famosos “planos”. Y si lo consigues necesitas un barco carguero para trasportarla ya que lo que te sale es del tamaño de un camión. 

Y una termonuclear sí que sólo está al alcance de pocos países desarrollarla. El tritio es el elemento más caro del mundo y el más controlado

Los terroristas viven siempre en la clandestinidad, metidos en cuevas y camuflados entre la gente, no disponen de polígonos industriales con laboratorios. Ayyyy, cuánto daño ha hecho el cine. 

En cuanto a las armas químicas ya se ha visto en el atentado del metro de Tokio. Resultado: trece personas muertas. Una pobre marca que cualquier terrorista suicida con un camión con dinamita la multiplica por diez. Y de las biológicas ni sé ni entiendo, pero fuera de algún envenenamiento por salmonella no se ha ido más allá. De hecho el ejemplo lo tenemos en Siria. El propio gobierno, con todos los medios a su alcance, utiliza armas químicas y mata (en condiciones atmosféricas ideales) a 1.800 personas. Es triste decirlo, pero esto es un pincho de huevo comparado con lo que han hecho a tiros.

Y acabo. Me indigna que los gobiernos occidentales nos metan el miedo de las “armas de destrucción masiva” en manos de terroristas o gobiernos malvados. No niego que las tengan o puedan llegar a tenerlas, pero de ahí a lanzarlas sobre Francia es de película de Spielberg. Solo que viene muy bien el miedo para salirse con la suya, que no es ni más ni menos que tenernos como mansos corderitos. 

Y no digo que no haya  hijos de puta, que haberlos los hay y de la peor condición, y que si pudieran acabarían con toda la humanidad menos ellos. Pero es que no pueden. Pueden hacer el mal. Pueden matar y asesinar. Ahora, que no me vendan la película de que cuatro sinvergüenzas de ayatolas iraníes están en condiciones de meter un misil en Bruselas que me parto de risa. Pueden hacer un atentado, eso sí, pero es más sencillo recurrir a lo que han hecho siempre, camioneta cargada de anfo y ¡¡¡pumm!!!. Más barato y casi al alcance de cualquiera. Matas a un montón y sin complicarte la vida con cosas raras, complicadas y muy caras

He dicho lo del respeto recíproco al principio porque debe ser mutuo, nuestro y de nuestros gobiernos, hacia los todos esos muertos que he enumerado antes.

¿Sabéis cual el mayor arma de destrucción masiva?

La triste y primitiva bala. Todos los años mata a quinientas mil personas. Esa sí que me acojona.

¿Y sabéis cual es la segunda arma de destrucción masiva?

El miedo. No tengáis miedo

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