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viernes, 14 de junio de 2013

Adiós tío Oscar



 Ayer enterraron a un hombre bueno, a mi tío el Oscar, el carpintero. Ha muerto tres años y un día después que mi padre. Suena como una condena. Para mi padre hubo un año de padecimientos antes de morir. El Oscar en poco más de un mes se ha ido. Y los dos han muerto de una forma parecida. Ambos fueron grandes amigos.

Siempre recuerdo con cariño las tardes que pasaba con mis primicos jugando en el taller viejo que tenían en el paseo Oscar y Gadea. En esa zona estaba el taller de mis tíos los carpinteros, el de Daniel el lucero, el taller del Rinchi, el del señorito Antonio, el del Churri, el del Abel y las cesterías. Fue el primer polígono industrial de Peralta. Incluso tenían club social, el paseo viejo, que era donde se juntaban a almorzar.

Esas calles eran una zona mágica para los críos de mi edad. Allí siempre pasaban cosas.

Tanto los hijos del Oscar como yo tuvimos el privilegio de trabajar con nuestro padre. El Oscar tenía su carácter. Alguna vez que iba yo a encargarle algo al taller y siempre lo hacía después de la hora del almuerzo. A partir de esa hora estaba un poco más tratable. Y siempre hablaba con él de cualquier cosa cinco o diez minutos para calibrarle el humor y en función de cómo tuviera la escala de vinagre le encargaba el trabajo o me iba sin hacerlo y volvía más tarde. Era fácil tratarlo cuando lo conocías

Cuando volví a entrar a esa bajera que fue el taller años después me sorprendió por sus dimensiones. Tenía yo en mis recuerdos infantiles la idea de que aquello era enorme y me encontré con un pequeño taller de escasos cuarenta metros. Cuando somos peques todo lo medimos con nuestro metro infantil que tiene más de cien centímetros y con nuestro reloj de más de veinticuatro horas. Todo nos parece mayor y todo dura más cuando somos pequeños

Cuando crecemos apreciamos las cosas en su verdadera magnitud. Los años nos dan esa distancia y esa serenidad para calibrar mejor todo. Y también criterio para evaluar a las personas y calificarlas dentro de nuestra particular, injusta y personal escala de bondad-maldad. Esa escala es de cada cual. Propia, intransferible y única

Pero a veces los criterios de todos convergen y coinciden en ciertos juicios y creo que con mi tío el Oscar todos los que lo tratamos coincidimos en qué era.

Un hombre bueno.

Adiós tío Oscar.

Buen fin de semana amigos.

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