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martes, 16 de abril de 2013

De como Salazar demuestra su moderación





Han salido de caza. Actúan como los lobos, en manada, pero con ensañamiento. Un animal mata para comer, los humanos por diversión. Cinco cabezas rapadas. A la caza del mendigo, el homosexual o el emigrante. La semana pasada apalearon brutalmente a un indigente. Esta noche van a por otra presa. Entre los cinco tienen menos de ciento diez años. El mayor de ellos, veintiséis.

En un callejón sin salida  y mal iluminado han encontrado su premio. Un tío malvestido y sucio, apoyado en un contenedor metálico de los de tapa pivotante. Está encorvado y de espaldas. En el suelo, un charco de vómito acre con tropezones y sobre el contenedor tres bricks de vino rancio. El hombre viste unos bombachos raidos, unas alpargatas rotas y una camisa llena de cercos de sudor. Huele fatal, a faria y a soberano. La jauría sólo ve un despojo humano. Al fondo del callejón, una DKV aparcada.

“A por él”
“Vamos a darle lo que se merece a esa escoria. Putos despojos, hay que acabar con esta lacra”

Se aproximan. Como siempre, es Macho Beta el que se va ha hacer de valer. Macho Alfa nunca ataca primero, se queda atrás dirigiendo la partida de caza. Le corresponderá el honor del primer bocado pero tomar la iniciativa lo hará Macho Beta. Lleva un puño americano, suficiente para romper un pómulo de un golpe. Y eso es lo que va a hacer Macho Beta.

“Levántate mierda humana. Que te quiero ver la cara”.

Primer error: no hables, actúa.

Mierda Humana se gira a una velocidad sorprendente para estar borracho. A la vez que se alza, una horca de sacar el fiemo brilla en la noche describiendo un arco tremendo. Impacta en la mandíbula de Macho Beta rompiéndola y lanzando al aire una lluvia de muelas, dientes, hueso, sangre y babas.

Uno a cero. En el mismo movimiento clava la horca en el abdomen a Tercero. Las tres primeras púas desgarran el abdomen y las dos últimas arrastran las tripas. Dos a cero

Segundo error: has tardado dos segundos en reaccionar.

Mierda Humana agarra un ladrillo y se lo lanza a la cabeza a Cuarto. Hundimiento de cráneo y hat trick a favor de Mierda Humana.

Ahora le toca a Macho Alfa proteger a su jauría, pero nunca se había visto en esa situación.

Tercer error: tenías que haber corrido.

Mierda humana recupera la horca y con un movimiento ascendente la clava en la garganta de Macho Alfa. Cuatro a cero.

Quinto está muerto de miedo. Es el más joven e inexperto, y el que más se ensañó con el otro indigente. Claro, tenía que demostrar su valía al resto de la jauría. Una patada en los huevos es suficiente para dejarlo fuera de combate.
Fin del partido por cinco a cero. Ha durado la acción exactamente ocho segundos.

Pedro se calma y deja que le baje la adrenalina. Se ha arriesgado demasiado. Eran cinco contra uno. Y cinco tíos bragados, si no es por el factor sorpresa no hubiera podido con ellos. Recupera el aliento y contempla la masacre. Todos están vivos aún, cuatro de ellos amontonados gimiendo y el quinto masajeándose las pelotas y llorando reclinado contra la pared.

Pedro es un hombre justo. Agarra al más joven, a Quinto

“¿Eres cristiano?”
“Siiiiii”,  responde al tiempo que se sorbe los mocos y las lágrimas. Sabe que le va la vida
“Pues conocerás un pasaje de La Biblia.  Éxodo 21-24, lo del ojo por ojo. Tengo que decirte que por desgracia para ti al Nuevo Testamento no he llegado todavía; ya sabes, a lo de la otra mejilla y el perdón. Lo siento muchacho, leo despacio”

Agarra al niñato que hace una semana rompió las manos a un viejo borracho, coge unas bridas de plástico y le hace un torniquete en cada muñeca. Alza al tipejo, le mete las manos en el contenedor metálico y haciendo acopio de todas sus fuerzas Pedro cierra la tapa cercenándole las manos. Estas caen al fondo y se quedan ahí, con la basura. El torniquete impide que fluya la sangre. Quinto mira sus muñones incrédulo.

“No te preocupes. No vas a morir. Y así te acordarás de lo que le hiciste a un pobre viejo cada vez que cagues  y te tengan que limpiar el culo.”

Pedro monta en su DKV y arranca pasando por encima de los cuatro cuerpos agonizantes. Sale a la avenida. Por el retrovisor ve dos cuerpos que aun palpitan. A Pedro no le gusta que la gente sufra. Así que mete marcha atrás, vuelve a atropellarlos y de nuevo marcha adelante. Quinto sigue mirándose los muñones con la boca abierta de espanto. Ahora sí, Pedro Salazar Ibiricu da por finalizado el trabajo.

La DKV se pierde en la noche.

(Perdonad el dato del vómito con tropezones, pero es que no lo puedo evitar)

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